El origen de Darkófenes (2/7)

Todo comenzó con el nacimiento de un niño en los lejanos desiertos del continente este. Sobre las extensas e interminables dunas de Alumar, se hallaba el rico reino de un viejo sultán en sus últimos años de vida.

De su décima mujer nació el último de sus veintidós hijos, un varón llamado Ghassân Abdel Nâsser.

Aunque rodeado de riqueza, Ghassân supo a muy temprana edad que de todo aquello no heredaría absolutamente nada, pero dotado como estaba con una inteligencia y un sentido de la responsabilidad muy superior a la del resto de sus hermanos, con apenas siete años recién cumplidos comenzó a forjar su propio futuro.

Antes de que su padre muriese días después de su decimosegundo cumpleaños, rogó un último deseo al sultán. Solicito que desde aquel mismo día fuese ilustrado por los mejores maestros en matemáticas, ciencias y letras. A estas asignaturas añadió una más, una muy peculiar que sorprendió al soberano. Ghassân solicitó que, tras su formación en las ciencias mundanas, se le permitiese visitar y ser adoctrinado por la bruja exiliada Sahira.

De los pecados de esta hechicera poco se sabe, pues su nombre fue olvidado y borrado de todos los escritos. Sólo el recuerdo lejano y las historias susurradas hablaban de una magia oscura que Sahira era capaz de controlar. Cuentos para niños que el joven noble estaba dispuesto a creer.

Y fue así fue como, con quince años y tras haber sido ilustrado en las ciencias del mundo material, Ghassân abandonó su tierra y puso rumbo a los peligrosos límites del reino de su difunto padre, para descubrir que Sahira, la nigromante, ya lo estaba esperando.

La tejedora de magia apadrinó al muchacho aun siendo descendiente lejano de aquel quien le había desterrado dos siglos atrás. Ghassân en agradecimiento ante aquel gesto, renegó el apellido de su familia y juró no volver a pisar el reino de sus antepasados, tomando así una senda de exilio autoimpuesta.

De Sahira aprendió a conjurar la hermosa y peligrosa urdimbre arcana. De ella absorbió el conocimiento para invocar los hilos de la magia que cohesionan el mundo de los vivos.

El bello lenguaje del tejido mágico se convertía en manos de Ghassân en peligrosos conjuros con los que podía gobernar todo aquello que le rodeaba.

Bajo la tutela de su mentora pasaron los años y, sólo cuando estuvo perfectamente preparado, la vieja bruja le reveló a su alumno la profecía de su futuro: él mismo llegaría a ser rey en su propia tierra. La maga sentenció además que desde ese mismo día de la revelación tendría que forjarse su propio destino en solitario. Las lecciones habían concluido para el antiguo discípulo.

Sahira despidió a su hijo en la senda arcana arrebatándole su antiguo nombre de aprendiz y entregando su nuevo título de hechicero.

Desde aquel mismo día Ghassân sería conocido como Darkófenes.

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