Un futuro incierto (7/7)

En los días que hoy vivimos, las garras del caos se ciernen opresoras sobre Minarett.

Las noticias vuelan con alas negras: El rey brujo se muere.

Los muchos años de existencia del soberano de Minarett están llegando a su fin, y ni su poderosa magia es capaz de parar el inevitable destino de todo mortal.

Los rumores son difusos. Unos hablan de envenenamiento y otros de magia negra. Sólo hay una cosa cierta: sin el eslabón que sostiene la cadena, la ciudad puede verse abocada a la anarquía, y la autodestrucción. Y con ella, la delicada paz establecida entre todos.

Y eso no debe suceder.

Nadie sabe cuánto le queda de vida al rey, pero las facciones no están dispuestas a permitir que todo su castillo de influencia se derrumbe para siempre.

Si la vida de un rey llega a su fin, un nuevo poder debe ocupar su lugar.

Mientras Darkófenes lucha en su agonía por robar un día más de vida, la ciudad a su alrededor se conmueve y se retuerce. Sin la mano de hierro que la gobernaba, las rencillas, las disputas y las guerras internas salen a la luz.

Minarett se mueve convulsa entre puñaladas traperas, extorsiones, chantajes y sobornos. Los humildes se revelan, mientras los poderosos ansían el bastón de mando de un rey que abandona su lugar.

El fruto prohibido de gobernar Minarett es demasiado jugoso para dejarlo escapar. Es hora de obtener la suficiente influencia como para dirigir la ciudad, una vez su soberano haya caído en el eterno sueño.

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