Una ciudad demasiado importante (6/7)

Aunque soberano en su tierra, Darkófenes tuvo siempre presente que la atenta mirada del imperio no dejaba de escrutarle.

Para empezar, el gobernador Oscuro de la ciudad subterránea de Velggorath, obligó al rey brujo a cobijar bajo sus muros una delegación de Oscuros que actuaría con la misma influencia que el resto de embajadas.

A dichas embajadas se las empezaría a llamar popularmente como facciones y su influencia, tenue en sus inicios, comenzaría a cobrar importancia a medida que la urbe se dividía en distritos y surgía la lucha interna por el control económico y político de cada uno de ellos.

Darkófenes, aunque dirigente entre los suyos, debía seguir lidiando con el mantenimiento de aquel equilibrio de fuerzas que hacían de Minarett un lugar tan valioso. Su palabra era ley, pero bien sabía él, que no era el único con sus garras puestas sobre la ciudad.

A este crecimiento de las facciones debía añadirse, además, la influencia de numerosas religiones venidas de los cientos de culturas y razas que habitaban la ciudad. Así pues, los dioses más importantes del panteón divino establecieron iglesias en los distritos que conformaban el entramado puzzle de la urbe.

De este enrevesado amasijo de razas, facciones, religiones y culturas germinaba, a ojos de los Oscuros, una cada vez más boyante economía. Una próspera y creciente ciudad, cuya existencia estaba ligada a la vida de Darkófenes.

Una vida que pronto llegaría a su fin.

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